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MAGIAS PARCIALES DE LOS RELATOS DE BORGES.

08/04/2013


El mismo Aristóteles ya consideraba la pintura, la escultura y la música como formas poéticas. Conocido es también que grandes artistas de la altura de García Lorca, Octavio Paz, René Magritte… pensaban que todas las artes podían adoptar expresiones y matices esencialmente poéticos. De la misma forma que el “hecho poético” puede darse en artes que no son la poesía, el “hecho mágico” puede tener lugar también, fuera del arte de la magia.

No es difícil encontrar ejemplos de cómo Jorge Luis Borges, a través de un medio expresivo que no es el propio al del arte de la magia, consigue transmitir lo que los magos constantemente buscamos, la indefinible “sensación mágica”. Resulta llamativo el hecho de que, prácticamente todos los magos que leen a Borges, coinciden en que algo de mágico hay en sus escritos. La gran pregunta es: ¿Por qué?

No sabemos, a ciencia cierta, el grado de conocimientos de magia que Borges poseía, ni si estos, por pocos que fueran, pudieron influir en la eficaz forma de transmitir la atmósfera de magia característica de sus cuentos.

Demasiados me parecen los paralelismos, demasiadas las casualidades. Quiero pensar, a modo de divertimento, que Borges poseía más conocimientos mágicos de los que creemos. Trataré de justificar esta afirmación con lo que a continuación se expone:

1.      Por lo que se desprende de su obra ensayística, Borges poseía amplios conocimientos de magia desde su perspectiva antropológica. Conocimientos que provinieron de los trabajos de Levi-Strauss, Malinowsky y en mayor medida de los de Frazer, que afectaron de manera sutil pero determinante a la totalidad de su obra.

También es claro, que aunque fuesen muy limitados, Borges poseía algunos conocimientos de la magia (ilusionismo). Sirva como muestra el relato que escribió en colaboración con  Bioy Casares con el pseudónimo de H. Bustos Domecq, Las doce figuras del mundo.

         Las doce figuras del mundo pertenece al libro Seis problemas para don Isidro Parodi que se adscribe al género del cuento policial. Parodi hace las funciones del detective clásico en versión porteña. La particularidad que este personaje ofrece respecto a sus predecesores literarios es que está encarcelado, resuelve los enigmas sin salir de prisión y lo hace utilizando como único medio, su intelecto.

         Las doce figuras del mundo. (Perteneciente a “Seis problemas para don Isidro Parodi”)

– Un tal Molinari cree haber cometido un homicidio involuntario, la policía lo vigila y se encamina hacia la prisión donde está encerrado Parodi con la intención de consultarle.

– Molinari confía a Parodi su encuentro con Abenjaldún, máxima autoridad de una colectividad esotérico-mistérica.

– Molinari confiesa el enorme interés que tenía por convertirse en un iniciado de la “secta” pese a la reticencia de sus miembros.

– Molinari detalla la difícil prueba iniciática a la que fue sometido.

En palabras de Borges:

[…unos ciento cincuenta drusos, todos velados y con túnicas blancas, alrededor del toro de metal.

[…buscarás a los cuatro maestros que forman el velado tetrágono de la Divinidad. Ahora, entregados a piadosas tareas, rodean el toro de metal; rezan con sus hermanos, los akils, velados como ellos; ningún indicio los distingue, pero tu corazón los reconocerá. Yo te ordenaré que traigas a Yusuf, si no has alterado el orden de las figuras. Le dirás: “Abenjaldún te llama” y lo traerás aquí. Después te ordenaré que traigas al segundo maestro; luego al tercero, luego al cuarto.

– Molinari explica cómo, para su sorpresa, salió triunfante de la difícil prueba.

– Parodi resuelve el enigma, no sin cierto bochorno por parte de Molinari, por haber sido tan crédulo y haber sido burlado.

– Parodi explica el procedimiento por el cuál Molinari fue embromado mediante un juego de magia.

[…extrajo de un cajón un mazo grasiento, lo hizo barajar por Molinari y le pidió que extendiera los naipes sobre la mesa, con las figuras para abajo. Le dijo:

-Amiguito, usted que es brujo, le va a dar a este pobre anciano el cuatro de copas.

Molinari balbuceó:

-Yo nunca he pretendido ser brujo, señor… Usted sabe que yo he cortado toda relación con esos fanáticos.

– Has cortado y has barajado; dame en seguidita el cuatro de copas. No tengás miedo; es la primera carta que vas a agarrar.

Trémulo, Molinari extendió la mano, tomó una carta cualquiera y se la dio a Parodi. Este la miró y dijo:

-Sos un tigre. Ahora me vas a dar la sota de espadas.

Molinari sacó otra carta y se la entregó.

-Ahora el siete de bastos.

Molinari le dio una carta.

-El ejercicio te ha cansado. Yo sacaré por vos la última carta, que es el rey de copas.

-No abrás tanto los ojos- dijo Parodi-. Entre todos esos naipes hay uno marcado; el primero que te pedí pero no el primero que me diste. Te pedí el cuatro de copas, me diste la sota de espadas; te pedí la sota de espadas, me diste el siete de bastos; te pedí el siete de bastos y me diste el rey de copas; dije que estabas cansado y que yo mismo iba a sacar el cuarto naipe, el rey de copas. Saqué el cuatro de copas, que tiene estas pintitas negras.

Abenjaldún hizo lo mismo. Te dijo que buscaras el druso número 1, vos trajiste el número 2; te dijo que trajeras el número 2, vos le trajiste el 3; te dijo que trajeras el 3, vos le trajiste el 4; te dijo que iba a buscar el 4 y trajo el 1. El 1 era Ibrahim, su amigo íntimo.

– Parodi desvela finalmente al verdadero asesino.

El secreto del juego de magia resulta ser el conocido método de “Uno por delante”

Fijémonos en el fragmento y no costará demasiado entrever cómo hay detalles de presentación más propios de un mago (ilusionista) con ciertos conocimientos magia, que de un profano, que de manera incidental, ha accedido al secreto de un juego de magia.

Transcribo otro fragmento del mismo cuento:

[…habló, tema habitual en él, de lo que puede hacer el hombre que tiene un sólido conocimiento de la baraja. Evocó la memoria tutelar del Lince Rivarola, que recibió un sillazo en el momento mismo de extraer un segundo as de espadas, de un dispositivo especial que tenía en la manga.

2.      Otro tipo de paralelismos con el arte de la magia pueden observarse, sin demasiado esfuerzo, a lo largo de sus relatos. Relaciones estructurales, relaciones en cuanto a efectos…Señalaré y comentaré algunas.

         El muerto. (Perteneciente a “El Aleph”)

– Un compadrito llamado Otálora, mata a un hombre y huye de Argentina.

– Llega a Uruguay con una recomendación que le entrega el caudillo de su parroquia. Es una carta de presentación para conocer a Bandeira, jefe de los gauchos, temido y respetado.

– Otálora salva la vida a un hombre, este resulta ser Bandeira.

– Bandeira lo acepta como uno de los suyos. Le debe la vida.

– Otálora rompe la carta, quiere deber todo a sí mismo.

– A Otálora lo subleva que el jefe sea un hombre tan viejo y se gana la amistad del guardaespaldas de Bandeira al que confía su plan.

– Poco a poco Otálora suplanta a Bandeira llegando a dar sus propias órdenes.

– Otálora se acuesta con la mujer de Bandeira.

– Bandeira y los suyos sorprenden a Otálora con su mujer. El guardaespaldas de Bandeira, la persona a la que confió su secreto, empuña un revólver y lo mata.

Final del cuento en palabras de Borges:

[Otálora comprende, antes de morir, que desde el principio lo han traicionado, que ha sido condenado a muerte, que le han permitido el amor, el mando y el triunfo, porque ya lo daban por muerto, porque para Bandeira ya estaba muerto.

Si se mira con detenimiento, puede observarse que la estructura del cuento está íntimamente relacionada con la estructura del efecto clásico: “El pañuelo y el huevo”.

– El mago hace un juego de magia: un pañuelo se transforma en un huevo.

– El mago ofrece a su público la posibilidad de obtener el conocimiento necesario para ejecutar el juego.

– El mago explica el secreto: un huevo hueco de madera.

– El mago expone detalladamente el “modus operandi”.

– Inopinadamente, el mago transforma el huevo de madera en un huevo real.

No cabe duda de que al espectador lo han traicionado, ha sido condenado a muerte, le han permitido conocer el secreto, le han permitido creer en la posibilidad de ser ejecutado por él, en la posibilidad del éxito, del triunfo, porque desde el principio estaba todo planeado, porque ya lo daban por muerto.

En una mirada superficial parece que la estructura de este relato podría emparejarse con cualquier efecto que conlleve una  “falsa explicación” pero la relación es infinitamente más íntima.

         Tigres azules. (Perteneciente a “La memoria de Shakespeare)

– Un hombre encuentra unas piedrecitas de un color que tan sólo recuerda haber visto en sueños.

– El hombre toma un puñado de esas piedras y se las guarda.

– Esas pequeñas piedras resultan poseer una particularidad, observemos las palabras de Borges:

[…Saqué un primer puñado y sentí que aún quedaban dos o tres. Una suerte de cosquilleo, una muy leve agitación, dio calor a mi mano. Al abrirla vi que los discos eran treinta o cuarenta. Yo hubiera jurado que no pasaban de diez. Los dejé sobre la mesa y busqué los otros. No precisé contarlos para verificar que se habían multiplicado. Los junté en un solo montón y traté de contarlos uno por uno.

La sencilla operación resultó imposible. Miraba con fijeza cualquiera de ellos, lo sacaba con el pulgar y el índice y cuando estaba solo, eran muchos. Comprobé que no tenía fiebre e hice la prueba muchas veces. El obsceno milagro se repetía.

Patente es la relación que posee el comportamiento de las piedras mágicas con efectos del tipo “Siempre seis”.

Prácticamente todos los profesionales de la magia son conscientes de que el “Siempre seis” es uno de los efectos que más huella deja en el público. Si nos ponemos a pensar en cuáles son las causas, se nos pueden ocurrir muchas, pero seguro que la última que nos viene a la mente es que posea un método inimaginable. Llegados a este punto, una pregunta puede ser planteada: ¿por qué es un efecto que gusta tanto, se utilice el método que se utilice, teniendo además en cuenta, que la mayoría de ellos no son el cúlmen de los ingenios?

Las palabras del mismo Borges, pertenecientes a este mismo relato, pueden ser enormemente esclarecedoras:

[Si me dijeran que hay unicornios en la luna yo aprobaría o rechazaría ese informe o suspendería mi juicio, pero podría imaginarlos. En cambio, si me dijeran que en la luna seis o siete unicornios pueden ser tres, yo afirmaría de antemano que el hecho era imposible. Quien ha entendido que tres y uno son cuatro, no hace la prueba con monedas, dados, con piezas de ajedrez o con lápices. Lo entiende y basta. Hay matemáticos que afirman que tres y uno es una tautología de cuatro, una manera diferente de decir cuatro… A mí, Alexander Craige, me había tocado en suerte descubrir, entre todos los hombres de la tierra, los únicos objetos que contradicen esa ley esencial de la mente humana. Al principio yo había sufrido el temor de estar loco, con el tiempo creo que hubiera preferido estar loco, ya que mi alucinación personal importaría menos que la prueba de que en el universo cabe el desorden. Si tres y uno pueden ser dos o pueden ser catorce, la razón es una locura…

4.      Finalmente, conviene prestar atención a los innumerables objetos mágicos que aparecen en la obra de Borges. Un disco que tiene una sola cara, un libro con infinitas páginas, una moneda que impide a su poseedor pensar en otra cosa… Por alguna extraña razón, los objetos mencionados  no nos son demasiado ajenos a los magos: una moneda, un disco, un libro…

Demasiados los paralelismos, demasiadas las casualidades… Sirvan los ejemplos mencionados como pequeña muestra. Probablemente, Borges, poseía más nociones sobre el arte de la magia (ilusionismo) de las que pensamos.

Se me ocurre otra conclusión:

Quizás Borges no poseía más conocimiento mágico que ese rudimentario “Uno por delante” expresado en Las doce figuras del mundo. Quizás todos los paralelismos expuestos tengan más que ver con que Borges, en ocasiones, emplee mecanismos similares a los que usamos los magos (ilusionistas) para generar la atmósfera de magia. Quizás esos mecanismos que Borges usaba provengan de los conocimientos de magia, desde su perspectiva antropológica, que adquirió a lo largo de su vida. Quizás el arte de la magia que nosotros practicamos tenga como referente inmediato la magia que la antropología estudia. Quizás, por estas razones, Borges emplee mecanismos similares, aunque no idénticos, a los que usamos los magos para aludir a los mismos arquetipos eternos.

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