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LA MAGIA CON HISTORIA.

17/02/2013

Desde siempre me encantaron las historias, las buenas historias. ¿Por qué no acompañar los juegos de magia con el poder de sugestión de las historias?

Personalmente, aunque lo intenté en muchas ocasiones, en ninguna encontré resultados satisfactorios. El efecto de magia, en el mejor de los casos, quedaba diluido, sin fuerza alguna, aunque permanecía algo de la fascinación que provenía de la narración. Entiendo que eso no es suficiente, que si lo que le es propio al arte de la magia, es decir, la sensación de lo imposible se pierde o diluye, estamos traicionando artísticamente el arte mágico. Entiendo que esto es así por mucho que la gran masa nos aplauda.

Para que el espectador pueda apreciar el componente de imposibilidad de la magia, necesita no estar demasiado distanciado del plano real, es decir, no perder conciencia de que el hecho imposible está aconteciendo aquí y ahora, en la cruda realidad que comparte con el mago. Si la fuerza de la historia es tan violenta que arrebata la conciencia del espectador de tal manera que se olvida de que los objetos en el mundo real no flotan, cuando presentemos un efecto de levitación, inevitablemente perderá fuerza mágica.

Admiro algunas de las grandes creaciones del gran René Lavand por el equilibrio que consigue entre el efecto y la historia con que va acompañado. Juan Tamariz me preguntó en una ocasión que cuáles eran los juegos que más me gustaban de René. Respondí: No se puede hacer más lento y Las tres migas. Posteriormente me indicó que en ninguno de ellos se contaba historia alguna. Completamente cierto, en esos juegos, buque insignia de la magia de René Lavand, no se cuenta absolutamente nada aunque no lo parezca.

Según los textos más reputados sobre teoría literaria, los dos elementos imprescindibles en una narración, sea del tipo que sea, son la acción y la trama.

La acción se limita a contar sucesos en un orden temporal, tiene la función de captar el interés y mantenerlo.

 La trama relaciona causas con efectos, es la parte que estructura los acontecimientos, planea cómo algo forma parte de los hechos que ocurrieron y de los que ocurrirán, de manera que satisfaga la expectativa del lector o espectador.

En los citados juegos de René, hay acción pero no hay trama. Lo que acompaña a la acción son las ondulaciones sintácticas, las pausas, la musicalidad… pero ésta queda detenida, no va hacia ninguna parte ya que la trama es inexistente.

Las formas narrativas son algo que comparten todas las artes que se desarrollan en el tiempo: el teatro, la magia, la novela, el cine… Es evidente que los recursos narrativos no deben emplearse de la misma manera en un guión de cine que en una novela ya que son artes distintos. Un párrafo que puede ser una obra maestra en una novela porque comunica a la perfección un complejo matiz psicológico, trasladado al arte cinematográfico puede convertirse en un bodrio, ser redundante, afectado, artificioso… Probablemente el mismo matiz pueda ser expresado con resultados más óptimos por medio de un travelling o de un plano secuencia, técnicas que pertenecen al lenguaje que le es propio al cine.

Entiendo que con la magia pasa algo parecido, se pueden usar los recursos y modelos narrativos pero supeditados a lo que nos exigen los juegos de magia para ser mágicos. Esto viene a ser algo así como aprovecharte del poder de fascinación que provocan las historias pero sin contar historias.

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